Salud Ocupacional: Manejo del estrés laboral
El estrés es un proceso natural de adaptación del individuo a las demandas de su entorno. La persona moviliza los recursos necesarios para responder eficazmente a todas las cosas que tiene que hacer. Pero cuando no tiene suficientes recursos aún continúa activándose. Lo que ocasiona que fisiológicamente aumente la tasa cardiaca, la tensión muscular y la velocidad de procesamiento de información.

Es allí cuando el estrés pasa de ser un proceso normal, y empieza a generar consecuencias patológicas. Y el entorno más propicio para que este drástico cambio ocurra es el trabajo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define al estrés laboral como la “reacción que puede tener el individuo ante exigencias y presiones laborales que no se ajustan a sus conocimientos, gustos y aptitudes, y que ponen a prueba su capacidad para afrontar la situación”.

Para la institución, existen unas causas muy específicas para su desarrollo, las cuales se convierten en verdaderas “bombas de tiempo”. Estas son las características del trabajo (horario, volumen, tareas monótonas, falta de participación en la toma de decisiones) y el contexto laboral (relaciones interpersonales con compañeros y superiores, cultura institucional, choque entre la vida laboral y la personal).

Por su parte, el doctor Antonio Cano Vindel, presidente de la Sociedad Española para el estudio de la ansiedad y el estrés, esta enfermedad “se produce como consecuencia de un desequilibrio entre las demandas del ambiente (estresores internos o externos) y los recursos disponibles del sujeto. De tal modo, los elementos a considerar en la interacción potencialmente estresante son: variables situacionales (por ejemplo, del ámbito laboral) y variables individuales del sujeto que se enfrenta a la situación”.

Los matices del estrés en el campo empresarial son múltiples y complejos, con consecuencias que pueden traspasar los límites de lo laboral, e incidir en los espacios personales y en la misma salud del afectado.

Las manifestaciones de estrés no son silenciosas, pues los cambios en el temperamento y las reacciones generalmente son drásticos. Lo difícil es reconocer si se trata de un mal día, o efectivamente de estrés laboral.

“No existen ‘etapas’ para reconocer si una persona está sufriendo o no de este síndrome. Todo comienza desde cero estrés (casi nadie), hasta estrés que amenaza la vida”, asegura Gilbert Brenson, psicólogo social, experto en facilitación profesional y autor del libro “Empoderamiento personal y manejo del estrés”.

Existen diferentes técnicas para medir el estrés, tales como la medición de las variaciones de la frecuencia cardiaca, monitoreo de la presión sanguínea o de la frecuencia respiratoria, evaluación del gasto energético, medición de la productividad, registro estadístico de la fatiga, electroencefalograma y medición de los niveles sanguíneos de catecolaminas, entre otros. Pero someter a los empleados a este tipo de exámenes es complejo y costoso.
En este sentido, existen varias pruebas psicológicas que implementan los expertos para lograr identificar los primeros síntomas. Algunas de las más comunes son los listados, los datos administrativos y los cuestionarios.

Los listados son implementados en empresas pequeñas, y se encargan de evaluar el entorno y el clima organizacional para reconocer el impacto en el empleado.

Los datos administrativos permiten completar la evaluación del estado de salud de la organización o de los individuos que la forman. Muchas consecuencias negativas del estrés se pueden recoger a partir de bajas laborales, absentismo, baja puntualidad, quejas somáticas, rotación e índice de accidentes.

Formas de prevención
La primera tarea por parte de la compañía consiste en brindarle un espacio óptimo de trabajo al colaborador, en el cual le garantice seguridad, respeto y salarios justos por su trabajo. Hay que iniciar planes especiales para evitar las extensas jornadas de trabajo. En caso de ser inevitables, es oportuno crear espacios de distensión y relajación (como zonas verdes, salas de sueño o cafeterías cómodas).

Por su parte, el empleador tiene que comprometerse consigo mismo y con la empresa. Tomar las cosas con calma, realizar actividades alternas de relajación (como deporte, música, yoga, entre otros). Además debe someterse a chequeos médicos para detectar cualquier problema a tiempo. Otras alternativas son:

• Comer sano: La alimentación es vital para consolidar un cuerpo sano, porque lo prepara para cualquier adversidad de tipo fisiológica. Además, el momento de comer es muy importante para relajarse y desconectarse de la vida profesional.

• Descanso total: Los momentos de reposo deben ser óptimos. Dormir bien y las horas adecuadas (ocho horas aproximadamente) permitirá la relajación total. Evite que sus momentos cuando está sin trabajo sean interrumpidos y procure no llevar tensión laboral a la casa.

• Ejercicio físico y mental: Exigirle al cuerpo fomenta la salud mental. Otras actividades, como el yoga o la meditación, permiten despejar la mente, tomar decisiones y aprender a tomar las cosas con calma.

• Agenda: Reorganizar el tiempo para realizar todas las tareas será un dolor de cabeza menos. Una agenda es ideal para organizar el día y horarios de acuerdo con las actividades.

• Autoestima: Fomentar el amor propio ayuda a sentirnos orgullosos de nuestros logros, al tiempo que permite asumir mejor los errores y buscar soluciones más viables.

• Enfrentar la ansiedad: Relajación para momentos de tensión, leer sobre técnicas de autoayuda, exponerse poco a poco a las situaciones que tenemos pánico y aprender a decir “no”, cuando algo cueste mucho.

Finalmente la OMS indica que aquellas empresas que ayudan a sus empleados a hacer frente al estrés y reorganizan con cuidado el ambiente de trabajo, en función de las aptitudes y las aspiraciones humanas, tienen más posibilidades de lograr ventajas competitivas.

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